12 marzo 2011

La Magia del Bierzo.... Nidoaman


El Bierzo, es una comarca que atesora numerosas claves ancestrales, porque en ella sucesivos pueblos han ido dejando el poso de su particular forma de entender el fenómeno espiritual, y la manera de intentar aproximarse a la divinidad haciéndosela propicia a sus deseos y necesidades. Ya que allí, quizá por su geología, parece como si las energías terrestres y celestes, que los celtas simbolizaban en las serpentinas “wouivres”, se hubiesen conjurado para manifestarse con más fuerza.
Unas energías a las que el ser humano atribuyó capacidad para ayudarle a trascender sus límites, abriendo la mente y el espíritu a realidades superiores que son difícilmente alcanzables en el nivel corriente del intelecto. Por ello, desde muy antiguo, hubo por la zona montes, bosques, piedras, fuentes y lagos considerados “mágicos” o “sagrados”.

Durante los tiempos de la Antigua Religión, en las cavernas, bosques y manantiales de la sierra de los Ancares [Ançares = ansares = ocas, animales sagrados que simbolizan la comunicación con el mundo espiritual], y en los picos Teleno, La Guiana, La Valdueza, etc, habitaron sacerdotes y sacerdotisas, personajes mágicos, intermediarios entre los dioses y la humanidad, al estilo de los célticos druidas.

Con la llegada de la nueva religión, se formaron comunidades eremíticas, muchas veces compuestas por antiguos sacerdotes y sacerdotisas, cristianizados en mayor o menor grado, que adaptan los viejos usos a las nuevas costumbres –en los grupos priscilianistas, donde el “clero” era mixto, se aprecian todavía restos rituales de viejos cultos celtas-.
.

Conjuntos muy heterogéneos de personas se retiraron a las cuevas y espesuras, para buscar en soledad la comprensión de anhelados mundos superiores, la revelación de soñadas realidades trascendentes y el olvido de un universo material injusto y cruel.
Estos grupos de buscadores independientes, unidos tan sólo por la meta a que aspiraban, fueron por lo mismo sospechosos para las nuevas autoridades religiosas, oficiales, que no gustan de la independencia de sus “ovejas”, y mucho menos en el tema de la búsqueda espiritual, no sea que acaben encontrando algo muy diferente, y más atractivo, de aquello que sus “pastores” les predican como verdad inmutable e indiscutible. Por aquí anduvieron ermitaños visigodos y mozárabes, comandados por san Fructuoso, san Valerio, san Genadio, san Froilán, san Osmundo, etc, que entretenían sus místicas soledades “domando unicornios” o “matando cuélebres”. Algunos de tales “ermitaños” acabaron camuflados bajo la sombra de comunidades monacales, surgidas precisamente para poner coto a su independencia de la Iglesia.


Hubo también grupos priscilianistas, “herejes” cristianos bañados de gnosticismo oriental y teñidos de religión céltica. Y, cosa más ignorada, en este enclave en pleno Camino de Santiago, hubo cátaros como los del Midí francés, imbuidos de maniqueísmo dualista. Para completar el cuadro, a comienzos del s.XIII, coincidiendo con el renacer medieval del priscilianismo berciano y el rebrote del catarismo, la Orden del Temple se asentó con fuerza en el Bierzo, a partir de su Encomienda y Castillo de Ponferrada estableció una red de fortalezas como Cornatel, Antares, Corullón, Sarracín, Rabanal, Villafranca, Balboa, Bembibre, etc, mediante las cuales controlaba pueblos, tierras y santuarios en toda la zona...

No hay comentarios:

Publicar un comentario